Pau
Carro

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Ceci Cloos

VOLCÁN LANÍN CON CECI

20 Marzo 2020

- ¿Vamos al Lanín?
- Vamos.
- ¿Vamos por el día?
- No sé , ¿qué decís? el Miércoles nieva.

¿Vamos el jueves?
- Jueves no puedo.
- ¿El viernes?
- Dale
- ¿Vamos a la este?
- Nunca fui pero vamos.

- Yo tampoco, buenísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLCÁN LANÍN, 3,776 msnm

   Así fue nuestra conversación con Ceci haciendo planes previos para ir al Lanín. Las dos lo habíamos subido, pero ir juntas después de una nevada y bajar por esa cara, este definitivamente nos motivaba. Organizamos todo, la Ceci se vino de Bari a San Mar y llegó en el bondi de las diez y media de la noche. Las dos estabamos emocionadas, qué llevar, qué no...Llevando lo mínimo, dividiéndonos las cosas compartidas como el gas, el jetboil y el botiquín. La idea era subir por la Norte (la normal) y bajar por la cara Este hasta abajo (también se puede travesear y volver al refugio), con lo cual todo el peso que llevaríamos lo teníamos que llevar hasta la cumbre. Armamos unos sandwichitos, charlamos y a dormir.  Al otro día matecitos y arrancamos, después de aproximadamente una hora de manejo apareció el imponente Lanín. Nos registramos, estaba Santi, el guardaparque, que nos atendió con muy buena onda. Le contamos nuestro plan de bajar por la cara este, pero también le dijimos que íbamos a ver cómo estaban las condiciones arriba. El día estaba súper cambiante, salimos y neviscaba, pero sabíamos que al día siguiente iba a estar lindo. Empezamos a caminar. 

    Cada vez que voy a subir una montaña, pero sobre todo un volcán, hago una pausa, una respiración profunda y de alguna manera le pido permiso y le doy todo mi respeto. Es una especie de ritual interno difícil de poner en palabras. Pusimos las pieles desde la base, ¡Increíble! Parecía que las nubes se iban abriendo a nuestro paso, íbamos tan positivas y divertidas charlando que sentíamos que atraíamos el buen clima. Pasamos el plano, la espina de pescado, la cual hicimos por el cañadón, ya que había nieve. Seguimos un poco más y pensamos en parar a almorzar (habíamos salido tarde, el primer día hasta el refu lo permite), pero nos pareció mejor idea seguir.

   

   Llegamos al refugio y no había nadie, ¡chochas! La puerta del refugio estaba sólo unos centímetros tapada de nieve por la nevizca de la mañana. Pusimos enseguida las pieles a secar al sol, el cielo se había despejado bastante, así que pusimos los tops y las camisetas térmicas mojadas de transpiración en unas antenas para que se secaran. Estábamos charlando, cambiándonos en bolas, cantando libres, cuando de repente, abren la puerta del refu desde adentro,¡pegamos un grito! Y enseguida nos reímos. Había un hombre que había ido con un grupo, se sentía mal y había decidido no subir. Como el grupo había salido a la madrugada para la cumbre y él se había quedado durmiendo la puerta se había tapado de nieve, lo que nos había dado a pensar que no había nadie. Nos charló bastante, se veía que estaba contento de ver gente. Calentamos agua para un tecito y buscamos los sanwichitos en la mochila.... ¡los sandwichitos! Los habíamos olvidado en la heladera de mi casa a la mañana, muy colgadas...Habíamos hecho repaso de las cosas importantes, arva, pala, sonda, linterna...y nos los olvidamos! Nos agarró un ataque de risa. Habíamos preparado los sanwichitos con toda la dedicación y el amor, pan de cebolla, hamburguesita de lentejas, rúcula, palta, salsa de remolacha ¡y habían quedado ahi! Nos habíamos imaginado cómo los íbamos a dsifrutar. Me encanta comer rico en la montaña, es como si el sabor se apreciara el doble, aunque igual siempre terminas comiendo poco. El hombre tenía un sandwich inmenso que le habían dado para la cumbre, nos escuchó y nos lo regaló. Primero lo rechazamos pero insistió, nos dijo que él bajaba ese día, que tenía mucha comida y terminamos por aceptarlo.

    Nos fuimos con unos matesitos a unas piedras a elongar y disfrutar del paisaje que es increíble, se ve el lago Tromen y todas las cumbres nevadas. Llegó Pablo, un guía, con dos clientes que venían de abajo y llegó Ivan, otro guía, con un amigo. Al rato llegó Luis, que venía desde la cumbre con el resto del grupo (el que se había quedado había subido con ellos). El grupo de Luis descansó y después emprendieron la bajada, tardaron en empezar a bajar porque uno de los clientes estaba extenuado, había sido mucho esfuerzo para él. Luis, que debe tener más de 100 ascensos al Lanín y es un excelente guía también, nos dijo que había estado dura la subida.Dos años antes había ido (también a esquiar) con dos amigas al Lanin, y la gente (los hombres) nos preguntaban, ¿Mujeres? ¿Solas? ¿Sin guia? ¿A esquiar? Me alegró ver que esta vez la gente lo vio con naturalidad, evidentemente estamos atravesando un cambio de conciencia.Se fueron y quedó la cucheta libre, así que nos acomodamos ahí, es la única que hay y normalmente la usan los gendarmes, pero suben en Noviembre si no me equivoco, así que estaba libre. Con Ceci dormimos en cualquier lado, he dormido colgada de una pared en la roca, Ceci ha hecho vivacs en los lugares más insolitos pero, si la había, un poco de comodidad no nos molestaba.Cenamos un iofilizado entre las dos, tecito y a dormir.

    Empezamos a caminar 6.45 am, aún era de noche. El grupo de Pablo había salido varias horas antes e Iván y su amigo habían decidido no subir. Arrancamos con las pieles, enseguida puse cuchillas porque había venteado. Pronto se hizo de día y vimos uno de los amaneceres más lindos del mundo, hacía frío. Llegamos al plateau de 3000 y nos encontramos con Pablo, sus clientes estaban con frío e iban a dar la vuelta. Recalculamos por media milésima de segundo pero decidimos seguir. Pablo en un tono serio pero amoroso nos dijo: " Sepan que a partir de acá siguen solas, hoy no va ir nadie a la cumbre, un rescate significa que alguien suba y va a tardar por lo menos siete horas o un helicóptero" Nos lo dijo a modo de conciencia, de ninguna manera con ánimos de infundarnos miedo. Estábamos tranquilas y confiadas, no nos perturbó el comentario.

    Habíamos parado a comer una barra de cereal y empezábamos a enfriarnos así que seguimos. En este punto habíamos cambiado pieles por grampones. Habíamos decidido subir por un borde de la canaleta, donde el viento de la noche anterior había dejado las piedras al descubierto y mezclado con hielo supusimos que iba a estar más firme, de a partes era así pero de a partes había mucha nieve y nos enterrábamos hasta la rodilla o más. Nos íbamos turnando para abrir huella, hacemos un buen equipo con Ceci. Muy cada tanto aparecía un rastro de huella, lo que nos dejó saber que Luis había ido por el mismo lugar. Paramos dos o tres veces a comer frutos secos, las paradas duraban menos de 3 minutos. También tomabámos agua con sales rehidratantes, nunca habíamos tomado y fueron clave, las recomiendo. Pasamos la canaleta, estábamos a 3500 msnm, parece que ya estás pero a veces la última parte es la más dura. Sin hacer huella creo que usas la mitad o un tercio de la energía que estábamos usando.

    Hicimos cumbre, estábamos felices, avisamos por radio y grabamos un videito de ese momento para mandarle a Cele, que casi viene con nosotras y fue la guardaparques de esa seccional, por lo que el Lanín fue por muchos años el patio de su casa.Nos asomamos a la Este y se nos hacía agua la boca, aunque la noche anterior había cambiado el viento y había soplado Puelche (viento del este) , por lo que nuestra idea de bajadón con polvazo se había esfumado, aunque seguía motivándonos bajar por un lugar nuevo y hacer una bajada tan larga (2500 mts de desnivel). La vista desde la cumbre del Lanín es imperdible, se ven muchímos volcanes: Villarrica, Queteupillán, Tronador, Puntiagudo, Osorno, Puyehue, Llaima, Tolhuaca, Lonquimay, Sierra Nevada y muchísimos lagos. Personalmente me da una sensación de paz e inmensidad, esa respiración profunda que te abre el pecho y agradeces todo en esta vida. Pudimos quedarnos menos de cinco minutos en la cumbre, el viento se empezaba a levantar y el cielo se empezaba a cerrar. Empezamos a bajar, obvio, de a una y esperándonos de a partes. La nieve no era la mejor, polvo venteada, pero se disfrutaba igual! Cada tanto parábamos a disfrutar del paisaje. A la altura del pan dulce (una formación rocosa que hace honor a su nombre y funcionó como segunda chimenea en la última erupción hace más de 1600 años), la nieve ya se había transformado y era una papita primaveral divertidísima, la última parte fue la gozadera. Llegamos abajo y nos abrazamos. Miramos el bajadón que nos acabábamos de hacer, y el subidón también! Y sonreimos felices. 

Una crónica por

Pau Carro @pau__carro

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