Isidora Chicharro

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ENCUENTRO PIELES 2019

16 Marzo 2020

Relato personal de la experiencia del Encuentro Pieles el pasado noviembre

del 2019 en el Parque Guaiquivilo, Región del Maule, Chile

     Una segunda oportunidad de participar en este encuentro femenino se me abrió. Dos años habían pasado desde mi primer Pieles que fue Huilo Huilo; lo que me dio tiempo de practicar y seguir avanzando en mi nivel. Hice las postulaciones, escribí el cuestionario de mi experiencia con la montaña y a esperar ser elegida.  Se me informa por mail que estaba dentro con copia  a 3 pieles más de Santiago, Puppe, Arantza y Belén. para que nos fuéramos juntas. Solo conocía a la Puppe por la vida, y Ari y Belén, rápidamente, al momento de subirme al jeep se siente una hermandad inefable. Viaje hasta Talca un Lunes 2 de Septiembre con risas y parada almorzar tipo 4:30pm en las imperdibles Cecinas Soler: unos lomitazos y hotdogs con shop. Ya en camino a la laguna del Maule, nos habían dado las indicaciones de que no se nos pasara el cruce del rio “Melado” y que descargáramos el mapa porque si o si íbamos a perder señal. Sin señal, nos pasamos el cruce, pero rápidamente nos dimos cuenta y la Puppe haciéndonos reír con el “Vo veloni que me voy a perder” hace cambio de luces al único auto en contra que vimos, que milagrosamente paró, y en plena carretera ambos empezamos a echar marcha atrás para preguntarle dónde quedaba el Parque Guaiquivilo y con expresión fruncida nos dice: "parque guaiquiqué?" Al preguntarle por rio melado, algo recordó, llegamos al cruce, él estaciona la camioneta y nos indica hacia donde ir. Sorprendidas de la amabilidad, lo apodamos nuestro angelito. Ya en el camino de tierra nos preguntábamos dónde estaría el famoso parque Guaiquivilo. Preguntamos a los pocos locales que estaban al paso y uno de ellos algo había escuchado, alentándonos con un “sigan por ahí”. Con firme determinación y fe le dimos para adelante pasando por un camino que nos hizo reír por lo atípico y misterioso, sin embargo llegamos al tan esperado Parque Guaiquivilo. La bienvenida fue impresionante, algo así como llegar a la propia casa.

    Volver a ver a algunas de las Pieles que no veía hace dos años, darse un abrazo que te unifica instantáneamente y un asado a las brasas, de aquellos que da gusto al solo ver la dedicación en la presentación sobre la parrilla. Mesón con ensaladas gourmet, lomos vetados y pollo en su punto, rodeados de amarillo-naranjo pimentones, buenos portobelos, berenjenas, zapallitos italianos y aliñados cebollines cocinados al fogón que nos reunía a todas. Momento idílico para ponernos al día y conocer a las nuevas compañeras de magia blanca, que en esta ocasión, un total de 16 mujeres juntas, entre Chile, Argentina, España y Austria;  8 eran de staff; la Marce y la Roby de organizadoras, la Rose y Angie como guías de montaña, la Lauri de fotógrafa, la Ale y la Franche de camarógrafas y la Dinka, nuestra Chef profesional: un real espectáculo. Rematamos la cena de bienvenida adentro del Hot Tub de nuestra casa de dos pisos, donde el primer nivel era living-comedor-cocina + boscaza prendida y, en el segundo la gran pieza de todas, con 4 camarotes y 8 closets; uno para cada una. Mirando las estrellas desde el agüita calentada por fuego de leña, acompañadas por el sonido de una catarata y el fluir de su rio, estuvimos listas para cerrar los ojos y despertar, ver dónde estábamos y la aventura que estaba a punto de empezar.

     El amanecer llegó con un día despejado maravilloso, en donde la primera actividad fue yoga guiada por la profesora argentina seca Jenny. Corrimos todo del living-comedor de nuestra casa y empezamos a respirar profundamente, calmando la mente y haciéndonos conscientes de cada uno de nuestros músculos con buenos saludos al sol, soltando lo innecesario y visualizando el día épico que haríamos juntas. La temperatura de la bosca, la energía y la fuerza de la visualización nos dejaron en alta sintonía de grupo; listas para el desayuno en la cabaña de abajo. Abundancia de fruta, granola, mate, pancitos y lo mejor, la presentación oficial, con luz de día, un discurso de bienvenida por Marce y Roby, un traspaso del amor que sienten por lograr estar todas reunidas donde estábamos. La bienvenida fue acompañada de un gran abrazo y entrega de un kit de regalo para cada una, con una soñada Femminette para hacernos la vida más fácil a las mujeres al  momento de ir a regar la montaña; una afilada opinel muy útil para cualquier evento en la montaña, un tónico de rosas orgánico Bioclaire para hidratarnos la cara y preciosas stickers para el set up de pieles team 2019.  Luego seguimos con  charla técnica de seguridad y cartografía del lugar dónde haríamos nuestro campamento llamado Valle de los Huemules, lugar donde llegaríamos después de 1 hora en camión. No fue fácil mover a 16 mujeres, aun que cuando vimos el camión, nos subimos, de una, atrás cargándolo con todos nuestros equipos y campamento.

    Cerro arriba, no se veía ni rastro de nieve, una que otra risa y pensamiento pasaba por nuestras mentes mientras observábamos un paisaje acantilado hacia el bello rio Melado. De sorpresa y dando la vuelta al cerro, se nos presenta el campo blanco con condiciones primaverales producto de los calores que hicieron las dos semanas anteriores. Fue diferente porque si bien, las expectativas son siempre la nieve polvo; esta instancia primaveral nos dio pie para poder crear el amado fogón de montaña. A los pies del cordón de Huemules, empezamos armar nuestra base que se componía de 9 carpas y nuestro domo de reunión Marmot. Técnicas de armado en la nieve y diferentes nudos se nos enseñaron al ir armando el campamneto juntas para vivir una instancia profesional en la nieve. Ya armada la base, estábamos listas para ir a patearla, ya que el sol, parecía estar en su punto más alto. Orden y profesionalismo se empezó a ver en la fila de chequeo, nos informaron de que muchas estábamos desactualizadas con las arvas y realizamos una instancia de aprendizaje de las nuevas tecnologías necesarias.  Felices partimos randoneando la ladera sur del cerro mas cercano a la base, entre nieve hielo, piedras, vegetación y vuelta a recordar el maravilloso “paso María” Nos reímos hasta la cumbre, donde después de una hora tomamos una buena perspectiva del lugar en el que estábamos, llamado “Cordón Huemules”. Desde este punto,  2700 msnm, la Rose mostró las alternativas de plan para el día siguiente, planteándolo hacia todas para decidir juntas de acuerdo al nivel y expectativas del grupo. La bajada del día fue sonora y bien derrapada sobre todo por las snowboarders, producto de la sombra que le pegaba a la ladera y el hielatzo que había; un buen entrenamiento para calentar los muslos y momento de risa para las cámaras. Ya más abajo, llegando al campamento se ponía mas amigable el terreno sobre todo por el aperitivo que nos esperaba; frutos secos...hummus...fruta miel, variedad de pan integral y unas precisas cervezas austral, a temperatura, en su esplendor. Una buena tarde de aclimatación, con una charla de la Naty sobre la importancia de no dejar rastros en la montaña (tanto de dejar como extraer), puesta de sol más helada que cálida y conversas alrededor del fuego nos acompañaron hasta que estuvo lista la cena de curry de vegetales, acompañado de lentejas y quínoa roja, un privilegio en la montaña. El cielo despejado hizo de telón a la luna en su estado cuarto creciente y un millón de estrellas que pudimos contemplar mientras comíamos postre de plátanos asados con miel, un arte, para rematar del día al, ver las carpas iluminadas sobre el manto blanco. Algunas dormían de a tres, otras de a dos y otras dormíamos con el silencio de la montaña.

Día 2

8:00 am levantadas listas para tomar desayuno y comentar lo helada que había estado la noche anterior, algunas no habían dormido mucho sin embargo, la motivación se notaba y ver la abundancia de desayuno con huevo revuelto a las brasas, jamón, queso, mermelada casera y variedad de panes integrales, aun más. El sol andaba coqueteando con unas nubes que hicieron la instancia perfecta para partir randoneando hacia las cumbres del poniente. Buen nivel de travesía y compañerismo se vio pateando el traverse, uno que otro chascarro de guantes y cascos rodando cerro abajo, que lograron parar y poder recuperarlos. Mas arriba divisamos las dos cumbres y líneas que habíamos visto ayer y nos decidimos por caminar la cumbre del “eriscadero”. Algunas cargaron tablas y esquíes en la espalda mientras que otras randoneamos hasta donde pudimos, producto de las condiciones primaverales que estaban. Una parada para compartir la vista, uno que otro mate y estirar las piernas antes de llegar a la cumbre que, ya a esa hora estaba iluminada por el sol sin nube alguna. Unas dos horas nos debe de haber tomado llegar a la cumbre, en donde la comunicación por radio sobre la ubicación de las cámaras, dron y mejores líneas estaba fríamente calculadas. Cambio rápido del set up a modo riding en la cumbre, unas buenas selfies con el valle atrás del rio Melado y partieron en fila los drop in esperados, con drones sobrevolando y capturando las mejores líneas. Buena bajada con cruce de rio y celebramos refrescándonos en él para una segunda ascensión; esta vez por la ladera a nuestra derecha. Algunas acompañaron al staff en los diferentes puntos y otras fueron firme randoneando cerro arriba. La ladera y temperatura de la nieve estaba en buenas condiciones de fluir, escuchando buenas historias y anécdotas; hasta que el viento se encargó de hacernos poner el foco en cada paso que dábamos. 100mts antes de la cumbre volvimos a cargar equipos en la espalda y arriba rápidamente armarmos modo ride para evitar que el viento enfriara de más la nieve. Muy buen timming y técnica se vio en la mejor bajada de todas, en donde cada drop in fue un arte y puro disfrute por el colchoncito de nieve que nos permitió deslizarnos, congelar unas excelentes tomas y dibujar una tremenda sonrisa en cada una, porque esa línea remataba precisamente en nuestro campo base. Abrazos, destape de épicas cervezas austral y una maravilla de aperitivo siguieron agregando valor a esa bajada. Cambio de ropa mojada para estar siempre listas, porque la montaña es la madre que te enseña los repentinos cambios de la vida y que, para esos momentos, es mejor que te pille bien parada y abrigada.

   Orgánicamente durante la tarde se formaron círculo de elongación, círculos de conversa-risa-mate y ahora que recuerdo, un circulo perfecto alrededor del sol. Fue una muy bonita tarde con una curiosa temperatura cálida y una luz precisa de colores azul-grisáceo que invitaban a contemplar la línea de nieve que habíamos descendido en la mañana y corroborar el buen ojo de las guías en ese escenario de harta tierra y rocas. Ya empezaba a sentirse un buen aroma de la olla mientras escuchábamos una charla de avalanchas dictada por la Rose, sobre los pasos a seguir al momento de rescatar a un compañer@ que quede bajo nieve y otra charla de expediciones dictada por la Angie, poniendo en valor la importancia de la planificación del grupo: previo, durante y después de una expedición. Algunas alrededor del fuego conversaban y otras ayudaban a machacar las papas con cilantro que acompañarían ni más ni menos que, un ratatuille. Nos deleitamos y, con el postre de leche asada con piña y membrillo a las brasas, más aun. Encima la noche nublada y con las frontales encendidas, era el escenario perfecto para ubicar la cámara en larga exposición y lograr escribir el clásico ritual PIELES con la luz led de cada una, todo un desafío por el hecho de escribirlo como espejo, sin embargo el nivel técnico del grupo era de calidad en todo sentido, lográndose otra vez un arte preciso en poco tiempo. Desde ahí ya empezaban a humear las teteras coníferas, típicas de la zona, evidenciando el agua calentita lista para llenar nuestros guateros e irnos a dormir guagüitas en la segunda noche en la montaña.

Día 3

    Era el día de desmontaje, todas abrimos los ojos con un viento fuerte que englobaba los laterales de las carpas, pero era una especie de puelche, por lo que entre el cansancio y alza de tº habíamos dormido mucho mejor. Reunidas en circulo para el desayuno, esta vez dentro del domo que nos protegía de la nieve que el puelche levantaba, comentamos las posibilidades de acción, en las cuales se barajaban, la misma pateada hielo del primer día, apostando esta vez a una bajada de nieve suave por el sol que le daba y por la buena pendiente que tenia, hacer la avalancha bajando (bajar todas al mismo tiempo) todas juntas y llegar hacer una actividad de rescate si es que nos daban los tiempos. Se habló, se tomó mate y cada una partió a desarmar campamento. Así fluía, armónicamente. Campamento arriba y sin dejar rastros, orgánicamente formamos la fila de las que randonearían y otra fila perfectamente posicionada en los troncos y rocas para ser espectadoras, mientras que las cámaras divisaban su mejor posición. La ascensión fue mas prolija y eficiente que la primera, otros colores, otra luz, otras sombras, otra nieve y por ende una disfrutada bajada. A mitad de camino nos reunimos con las espectadoras para bajar todas juntas como avalancha. Muy bonito momento y abajo una foto grupal con puras sonrisas de la experiencia que es la fuerza femenina en la montaña. El camión cargado bajó y algunas, para adelantarse, bajaron caminando entre arboles nativos. Ya más abajo, casi corriendo con el fin de ganar posición de duchado en el baño, la tan anhelada agüita, sentirnos nosotras otra vez y estar listas para una sesión de yoga restaurativa. Jenny volvió a guiarnos a través de la respiración, conectando con nuestro cuerpo en estado meditativo, sintiendo la armonía de una catarata que estaba afuera. Alto impacto el nivel de contención que se creo en esa sala, en donde después de un par de días de compartir una pasión tan especifica, se evidencia la amistad sincera y trascendental que se logra. Restauradas y en una sintonía muy exquisita nos preparamos para la noche de cierre en donde la sala se transformaría en un banquete de… tabla de quesos, fiambres además de empanadas de vegetales asados y pebre… luego asado de vegetales, variedad de ensaladas de papas… postre de cus cus al romero endulzado con miel sobre piña asada… uff momento de equilibrio perfecto entre mente y alma. Nuestras almas cerraron con broche de oro al sentirse guiadas por el ritmo de los bajos y ritmos musicales que nos recordaban buenos pasos de baile antiguos, sacándonos un millón de carcajadas y elevando la energía hasta que las piernas no dieron mas que para ir a dormir. Qué experiencia!

Es que Encuentro Pieles es una instancia que reúne esa pasión por la montaña, independiente del grado de experiencia que se tenga, porque a partir de tu autenticidad, se crean momentos mágicos. Porque Pieles crea el espacio entre conocimiento de vivir la naturaleza a través del desarrollo y autoconocimiento de nosotras mismas.

 

Lo mas lindo es intentar transmitir la fuerza que hay en la unión de compartir cómo la naturaleza nos potencia, porque el contacto con ella otorga automáticamente la conexión con la esencia de cada uno y la tranquilidad para esclarecer lo que cada uno es.

 

“Un unplugged from the drama and recharge with the mamma”.

Un relato de

Isidora Chicharro Benavente @izichic

Fotografías de Laura Martinez Donet @life.in.white

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